Narradores orales cierran su primera experiencia de intercambios y aprendizajes

El Club de Narradores Orales hizo su función de cierre en el SUM del Edificio Juan Figueredo de Humanidades. La coordinadora y dos de los participantes comentaron lo vivenciado en este taller de extensión que se dicta desde septiembre de este año. Audios.

Egresada en Letras, Marita Santos ha transitado un camino de formación como narradora oral, a partir del cual organizó dos festivales en la Cruz, Corrientes, llamados Mombe’u yere (“Ronda de cuentos”) con el aval de la Red Latinoamericana de Cuentería y la Escuela de Narracuentos de Córdoba.

A partir de septiembre de este año, coordina un taller de extensión sobre narración oral en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones, una experiencia inédita que cuenta con la dirección del docente de Antropología, Mgter. Guillermo Castiglioni.

El pasado jueves 5 de diciembre los participantes del taller hicieron una función de cierre en el SUM del Edificio Figueredo y El Reportero conversó con algunos de los protagonistas.

Marita Santos: “habilitar a otros la palabra”

“El proyecto fue muy bien recibido”, comenta Marita Santos. “La idea fue juntarnos los sábados y conversar sobre historias desde lo autobiográfico, desde la narración oral, desde la literatura que nos gusta, acercándonos a la palabra, a través de un clima muy lúdico”, indica.

El Club de Narradores, que ya cuenta con 20 integrantes, entre ellos, estudiantes, docentes y jubilados, lleva el nombre de Marta Salotti y Dora Pastoriza de Echebarne, dos pioneras del género que en la década de los ‘60 vieron la necesidad de formar a los docentes como narradores de cuentos, y hacían narraciones en distintos espacios públicos “para habilitar a otros también la palabra”, explica Marita.

Este taller se volverá a habilitar el año que viene a partir de marzo, y se ha fijado como objetivo armar un festival de narración oral en Posadas, con la gente que ahora se está formando, y también con los profesionales de la Escuela de Narracuentos de Córdoba, con 20 o 30 años en el oficio, que dictarán talleres sobre las distintas vertientes de la narración oral. Además, sus participantes están dándole forma a la idea de generar redes, para que el taller pueda replicarse e ir a otros espacios.

Las inscripciones comienzan en febrero y se realizan en la Secretaría de Extensión de Humanidades, con un costo accesible, que ofrece un 50 por ciento de descuento a estudiantes y jubilados.

Alexis Rasftópolo y la práctica fundamental de la escucha

Para Alexis Rasftópolo, el Club de Narradores Orales constituye “un espacio muy enriquecedor”. “Uno aprende a poner énfasis en esa práctica humana fundamental que es la escucha y luego abrevar en sus recuerdos en el convite de anécdotas, en las lecturas, y a partir de ahí van surgiendo ideas, cuestiones que van tomando forma para generar este espacio de intercambio, de contar, de narrar”, afirma.

La narración, según su punto de vista, implica trabajar desde la experiencia, desde lo que cada uno sabe y conoce. En ese sentido, la historia que contó en la noche de cierre se relaciona con la experiencia personal vivida con otros colegas, Fernando Rosa y Augusto Barrios Hermosa en el 2004, en torno al proyecto de programa radial llamado Al Sur del Río Bravo, que retoma una expresión muy conocida de Galeano que hace referencia al límite natural entre Estados Unidos y los países del sur.

Alexis eligó al escritor uruguayo Eduardo Galeano para darle forma a su presentación. “Elegí a Eduardo Galeano, que ha marcado generaciones y ha estado muy presente esta noche, por lo que tiene que ver con la calidad de su prosa pero también con su calidad humana y su honestidad política e ideológica”. Lo que rescata del autor uruguayo es “cómo el va trabajando la materialidad de la historia humana para darle forma literaria, y eso nos marcó mucho a nosotros.”

Natalia De Luca: “Uno se encuentra con el niño”

Natalia De Luca también eligió a Galeano y su presentación se llamó “Celebración de la voz humana”. “El relato de Galeano que elegí menciona que de alguna manera la voz puede cambiar el rumbo; cuando uno se encuentra en una situación de ahogo y encuentra alguien con quien compartir eso que está sucediendo, todo se vuelve más simple. Galeano es muy profundo y habla de sus vivencias personales, y escribe de una manera que hace que todo se vuelva sensible, y lo duro, reflexivo.”, explica.

Con respecto a la experiencia en el taller,  destaca la pregunta que tuvo que hacerse: “¿qué uno necesita decir cuando narra?” Fue importante en ese sentido, aprender a identificar qué es lo que se quiere transmitir: “eso lleva a una búsqueda”, aclara.

Según el relato de Natalia, en el Club de Narradores se trabajó mucho hablar en voz alta y la lectura en voz alta, “y eso hizo que uno se encuentre con el niño, porque implica rememorar todo lo que significa la lectura, la narración, la búsqueda. Y empieza a fluir como un juego.”

Para ella, la narración oral “son un montón de verbos y emociones”.

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