“La cabaña de los muñecos” en Iguazú: el desafío de levantar un teatro en la triple frontera

Una abandonada cabaña familiar se transformó en un espacio para el arte y el espectáculo gracias a la determinación del grupo de teatro de muñecos Kossa Nostra. La triple frontera, con toda su impronta multicultural y cosmopolita, es el marco de este nuevo desafío. Audios.

Hace tres meses, Marcelo Reynoso, Tuny Bóveda y el resto  del grupo de títeres Kossa Nostra terminaron de remodelar y reconstruir en Iguazú una vieja cabaña familiar, que en algún momento fue un hotel y estuvo abandonada por ocho años, para convertirla en una sala de teatro que aloja diferentes espectáculos artísticos y desde donde también se impulsan actividades para la comunidad. El lugar se llama “La Cabaña de los Muñecos” y sus responsables explicaron a El Reportero el origen y los alcances del proyecto.

La cabaña fue un legado de los abuelos de Marcelo Reynoso, y cuando hace cuatro años se decidió usarla como espacio cultural, el número presupuestado para su arreglo y remozamiento sonó inalcanzable: dos millones de pesos. Sin embargo, las ganas de volver al pago, más el aliento de amigos que viven en la localidad, y sobre todo el incentivo del Instituto Nacional de Teatro, hicieron posible el desafío. Hoy la sala está terminada con el equipamiento y las comodidades necesarias para su buen funcionamiento, y tiene una capacidad para cien personas, a lo que se suma un teatro al aire libre, que siempre funcionó, con espacio para 150 o 200 sillas, que lleva el nombre de la abuela del titiritero, Carolina.

Fuimos a hablar con empresarios, amigos, que tenían más claras las cosas con respecto a lo que sale la construcción y nos decían: esto no es construir, esto es casi un trabajo artesanal… por ejemplo no puedo sacar las vigas, que son de palo rosa, y eso cuesta mucho más que hacer de cero”, comenta Reynoso al rememorar los inicios del proyecto. “Por suerte tuvimos un arquitecto, Juachi Curti, que se lo tomó como una cosa personal y no como un trabajo”, aclara el titiritero.

Kossa Nostra es una cooperativa de trabajo que desde hace muchos años se dedica al teatro de títeres o de muñecos, formó parte de la creación de la Murga de la Estación y su primera obra “Misiones, tierra prometida” y organiza todos los años el Festival Internacional de Teatro de Muñecos Kruvikas. En “La Cabaña de los Muñecos” participan, además de Marcelo Reynoso y Tuny Bóveda, Fernando Wedhen, Rita Kozlowski, Malena Reynoso, Fundy Pedernera y Goyo Zulpo.

De izq a derecha: Fernando Wedhen, Rita Kozlowski, Malena Reynoso, Fundy Pedernera, Goyo Zulpo, Tuni Bóveda, Marcelo Reynoso

Iguazú siempre es un desafío”, comenta Reynoso, al referirse al hecho de que existe una “idea recurrente” de que en ese lugar es muy difícil hacer algo en el ámbito del arte y la cultura, y de que no se encuentra el apoyo suficiente para sostener alguna iniciativa de ese tipo. Sin embargo, Kossa Nostra tiene como experiencia que desde que empezó, en los 90, siempre tuvo un público importante, por lo que esa cuestión no significa un verdadero impedimento. “Nosotros nos dimos cuenta que no es un problema de la gente, porque la gente va al teatro, sino del tipo de convocatoria”, explica.

Pero Iguazú también es un desafío en otro sentido. Además de las Cataratas, que convoca a un millón de turistas todos los años, se trata de una ciudad que tiene a la brasilera Foz de Iguazú enfrente, con casi un millón de habitantes, y a Ciudad del Este de Paraguay, un importante emplazamiento comercial, a pocos metros. “Es un lugar re cosmopolita, porque te encontrás de golpe con un actor, con un pianista, que pasa por la vereda, ve el piano, se mete y hace un recital de media hora que todos nos ponemos a escuchar… Ese tipo de cosas”, cuenta.

Para ejemplificarlo se refiere al recital de jazz que brindó el espacio la semana pasada, y donde la mitad de los asistentes era de origen brasilero, y a los primeros conciertos de música que se hicieron, con eximios guitarristas de Ciudad del Este y de Asunción. Los espectáculos de música permitieron corroborar además la buena acústica de la construcción.

Con respecto a esta situación, Tuny Bóveda se explaya: “Es muy interesante el lugar de reconstrucción permanente de la identidad, que es algo que nos interesó siempre como grupo. El rescate de la memoria popular para ver por qué somos lo que somos y qué estamos haciendo para seguir siendo… qué. Eso, en este lugar, en la triple frontera, que es en realidad una multifrontera, es re interesante, porque el público es muy diverso. En el patio tuvimos situaciones insólitas, desde el turista que tenemos la suerte que pase por esta vereda (porque es el camino al Hito), Marcelo Reynoso que es local y que la gente lo recuerda cuando andaba haciendo diabluras de chiquito, los indiecitos que andan por la misma vereda, ven un espectáculo de títeres, entran y quieren poner su moneda en la gorra… Todo eso nos incentiva a seguir buceando en la memoria, para saber donde estamos parados, y para saber qué estamos generando”.

Y agrega, entusiasmada: “Acá en la triple frontera eso es vertiginoso, es adrenalina”.

 

El equipo no sólo se dedica al trabajo en la sala de teatro, sino que está abierto a las actividades que solicite la comunidad y que ellos puedan hacer desde su aporte específico, que son los títeres. Así, por ejemplo, brindaron una capacitación para los promotores del área de tratamiento de residuos urbanos. También desarrollaron proyectos comunitarios con los chicos de las aldeas guaraníes, como Yasy Pora y Marangatú, por ejemplo, por solicitud de los hoteles que están obligados a ofrecer una compensación por la ocupación de las tierras. “Nos acercamos a conocer una realidad distinta, que siempre se actualiza, porque cada día hay algunas cosas que se mantienen y otras cosas nuevas, y entonces terminando rapeando con los chicos de la aldea…”, relata Tuny.

Con respecto a las actividades que están dispuestos a desarrollar, también se encuentra su disposición a “co-gestionar” con las nuevas autoridades de la Secretaría de Cultura que, según su perspectiva, “hablan el mismo idioma”. Reynoso comenta que tiene la idea de armar una articulación en toda la provincia para que los artistas que vayan a Posadas puedan hacer una gira por distintas localidades y terminar en Iguazú, pero no como resultado de la gestión aislada de cada espacio cultural, sino “con una programación anticipada”. “Creemos que al pasar a ser una Secretaría probablemente tenga más posibilidades de tener un referente en cada pueblo. Y acá Iguazú, que es el último pueblo, es adonde todo el mundo quiere ir…”, acota.

Bóveda también se refiere al respecto: “Nuestra propuesta sería de cogestionar. Nosotros tenemos esta experiencia, este espacio, este “capital”, gestionemos juntos… Tenemos claro los ejes de nuestro laburo: los objetivos son estos, las formas las buscamos permanentemente, pero son dentro de un esquema de trabajo solidario, colectivo. Tratar de que el individuo vaya por detrás del equipo, lo cual es una tarea diaria y dificilísima, porque estamos educados para el individualismo”.

Es eso lo que también intentan llevar al público, a través de una tarea pedagógica diaria, y sobre todo con el mecanismo de “la gorra”, que los Kossa Nostra implementan desde la época de la Estación de Trenes. “Era tal la cantidad de gente que quería asistir que tenías que hacer cola para ocupar las gradas, que eran para 400 personas. Entonces los funcionarios por ahí pelaban chapa… “mi corazón, tenés que ir a la fila” le decíamos…”, recuerda Bóveda. “La gorra es solo una retribución, no es un horario, no es la ganancia de nadie”, sostiene.

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