Mujeres de este mundo: “Fue un sacudón en muchos sentidos”

El documental sobre las luchas de las mujeres de Misiones se presentó el pasado lunes 2 de marzo en la Biblioteca Popular. El documentalista Héctor Jaquet cuenta el proceso y el resultado. Audio.

El documental “Mujeres de este mundo” se estrenó en Posadas hace pocos días, luego de presentarse en España y recorrer Europa a fines del 2019. Es el producto final de un proyecto elaborado en conjunto por las antropólogas Debora Betrisey Nadali y Laura Calle Alzate de la Universidad Complutense de Madrid, y por Esther Lucia Schvorer y Héctor Jaquet de la Facultad de Humanidades, proyecto que ganó una convocatoria de financiamiento.

La lucha de las mujeres como tema

Héctor Jaquet explica las razones de la elección del tema: “Nos pareció importante, porque las antropólogas de la Complutense trabajaban el tema del feminismo y a mí me parecía muy interesante descentralizar el movimiento”. Y relata: “Entonces armamos el proyecto desde ese lugar, pero no solamente sobre el feminismo, sino más bien la lucha de las mujeres.

El proyecto consistió en el desarrollo de un taller con participación de mujeres de diversas extracciones políticas, sociales, profesionales y de distintos lugares de la provincia, incluso del Paraguay, entre ellas campesinas, mujeres trabajadoras, militantes orgánicas de partidos políticos, etc. Jaquet filmó el taller, tomó algunos de los casos y siguió a sus protagonistas en sus territorios de lucha o de trabajo, además de realizar entrevistas a algunas participantes. No pudo avanzar al interior como era su intención, por falta de recursos económicos suficientes, y cubrir por ejemplo el movimiento contra las semillas transgénicas, por lo que se enfocó en la experiencia de las mujeres ladrilleras y las encargadas de un merendero del Movimiento Popular La Dignidad.

El proceso de producción tuvo diversos pasos: reuniones previas con las mujeres que participarían del taller, la elaboración de una agenda de temas que ellas mismas propusieron, y el acuerdo colectivo para hacer el registro audiovisual.

La difícil tarea del montaje y las satisfacciones posteriores

Fueron 27 horas de filmación que debieron convertirse en 58 minutos de película, y que le produjeron al principio una sensación de desasosiego. “En un momento sentí que era una empresa inabordable”, admite, pero aclara que finalmente pudo darle forma a la cinta, con el apoyo de sus compañeros de trabajo, poco antes de subir al avión que lo llevaba a Europa en noviembre del 2019.

Se hicieron tres proyecciones en la Universidad Complutense de Madrid, y además se llevó el documental a centros culturales abiertos en casas ocupadas, donde las organizaciones sociales consiguieron el permiso de permanencia a cambio de organizar ese tipo de actividades.

Según relata el director, allí se dieron los debates más ricos e interesantes, porque había otro público, con militancia y posturas políticas, como las Madres del Dolor y el fuerte movimiento por la memoria de los pueblos, que se opone al relato histórico del franquismo. El film cosechó buenas repercusiones, al punto que se solicitó su traducción al inglés, aspiración por ahora fuera del alcance del equipo de producción.

Mirar y admirar el proceso de construcción del colectivo de mujeres

Fue una experiencia de aprendizaje impresionante”, sostiene Jaquet. “Nosotros los documentalistas siempre decimos que, como uno no va con un guión prefijado, siempre aprende de la realidad que está filmando. Pero en este caso fue mucho más crudo el aprendizaje. Fue un sacudón en muchos sentidos, emocionales, intelectuales y de valoración”, aclara.

Lo que resultó muy llamativo para el director fue que las discusiones podían llegar a un punto de confrontación y de antinomia, y sin embargo, no desembocar en una ruptura total. “Nadie daba un portazo, nadie se levantaba, encontraban la manera de reconducir y de reconstruir y de volver al equilibrio, y eso yo no vi en ningún otro espacio, ni político, ni universitario, o donde prevalecen los hombres…”, relata.

Siempre está la oportunidad de restituir el acuerdo a pesar de las diferencias, y eso fue una de las cosas que más me impactó”, considera. También destaca el afecto presente en las interacciones, las cuales generalmente terminaban con un abrazo. “La afectividad que ronda en esos espacios también está en la película”, comenta.

Algunos criticaron, en ese sentido, que el film tuviera una mirada romántica, carente de conflicto, del movimiento de las mujeres, pero Jaquet aclara que el conflicto está presente, ya que de por sí el discurso antipatriarcal es un discurso de conflicto. “El empoderamiento de las mujeres es un conflicto frente al discurso hegemónico”, dice. Además cree que su documental, en tanto herramienta política, no tiene interés en mostrar las peleas entre las mujeres, porque el enemigo es otro y es claro: la Iglesia, el poder hegemónico, el Estado, el patriarcado.

Pensando hacia atrás y hacia adelante

En todas mis películas las protagonistas son mujeres”, reflexiona el documentalista a partir de esta última producción. Y adelanta que su próxima producción, no obstante, estará enfocada en la vida universitaria, que es otra cuestión que lo apasiona, condición necesaria para hacer audiovisuales que implican, como en su caso, poner dinero de su escaso sueldo docente.

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