“Sin presupuesto para políticas que atiendan esta problemática no hay `Ni Una Menos´”

Cinco años después de la primera convocatoria y en un contexto signado por las medidas de aislamiento social, se realizó ayer una nueva manifestación bajo la consigna “Ni Una Menos” en todo el país. Dialogamos con dos referentes en abordaje de violencia de género sobre el estado de la problemática y la implementación de políticas públicas al respecto. Audios.

 

Muriel Arensburg es Secretaria de Géneros de la CTA Autónoma y hasta el año pasado fue coordinadora de la Línea 137 en Misiones. Analía Esquivel es Promotora de Género del Progen, que actualmente funciona en el ámbito del Ministerio de Desarrollo Social. En el caso de ambas, su  involucramiento en la temática de género trasciende su ámbito laboral y las respuestas que se da a la problemática desde el Estado.

 

El Estado es responsable:

El masivo movimiento que levantó por primera vez hace cinco años la consigna “Ni una Menos” cuestiona el papel del Estado ante la violencia de género y sus consecuencias.

De ser naturalizada, de ser mirada como una cuestión cultural ante la que poco había por hacer, la violencia de género en nuestra sociedad pasó a ser señalada como una responsabilidad del Estado, tanto por acción como por omisión y la sentencia “El Estado es responsable” pasó a simbolizar la demanda de medidas concretas para prevenir la violencia y proteger a las víctimas.

Cinco años después y en un contexto de aislamiento social obligatorio, la alarmante cifra de femicidios en los días transcurridos en cuarentena vuelve a poner en discusión la necesidad de políticas de prevención y de intervención ante estos casos.

“Particularmente en este año nos encontramos en el contexto de pandemia y lo que vemos es que el encierro de la cuarentena aumenta la violencia hacia las mujeres y los cuerpos feminizados y aumenta también el abuso sexual a infantes. Tenemos 57 femicidios en lo que va del tiempo de cuarentena, es la cifra mayor en 10 años en este mismo lapso de tiempo…” expone Muriel Arensburg en referencia a los datos que vuelven a mostrar que para muchas mujeres el ámbito del hogar está lejos de ser seguro.

Muriel Arensburg (der) Secretaria de Géneros de CTA A

“Esto agravado porque hay un ajuste a nivel nacional, provincial, municipal que recorta las políticas públicas por una lado y por otra parte genera la ausencia casi absoluta de recursos para las víctimas en sus viviendas, para sus familas. Impide su autonomía, la posibilidad de escapar del violento…” completa Arensburg el panorama, en el cual el ajuste económico incide directamente en la deficiencia de las políticas públicas de abordaje sobre la violencia de género, si bien no es el único componente.

Sobre la continuidad de los casos de violencia en el contexto de cuarentena precisa Analía Esquivel, promotora de género: “Los casos siguen llegando. Nos llama la atención que dicen que acá en Misiones hay cada vez menos. Eso no es cierto. Por ahi las autoridades o los ámbitos de aplicación o un montón de organizaciones siempre gubernamentales no se ocupan del tema. Hay un presupuesto gigantesco asignado para la causa pero resulta que lo emplean en otras cuestiones, políticas o del interés personal para cada funcionario…” caracteriza, criticando la falta de compromiso de la dirigencia política con la problemática.

Ajuste y precarización

Una de las cuestiones que aparecen en lo que expresan tanto Analía Esquivel desde su trabajo de promotora como en las observaciones de Muriel Arensburg es la precarización laboral de quienes trabajan en áreas del Estado misionero que dan respuestas a la violencia de género.

“Lo que vemos localmente (…) es que justamente aquellos entes gubernamentales, aquellos organismos que se dedican al cuidado, la protección, la prevención de la violencia están sumamente precarizadas en la Línea 102, las Promotoras de Género. Ambos organismos dependen del Ministerio de Desarrollo Social y cobran becas, sin ningún tipo de relación de dependencia, de seguimiento, de apoyo de recursos económicos de parte del Gobierno. La legislación es un mero discurso que se contradice con la realidad. No se jerarquiza la tarea. Sin presupuesto para políticas que atiendan las necesidades de esta problemática no hay Ni Una Menos”  – afirma Arensburg.

Las trabajadoras del ProGen constituyen un caso paradigmático en cuanto a precarización laboral. El programa, surgido en el 2009 a partir de una capacitación en el ámbito de una ONG, fue reconocido por ley provincial y funciona en el ámbito del Ministerio de Desarrollo Social. Sin embargo, la cartera no creó hasta la fecha la figura de promotoras de género ni aplica el presupuesto que tiene asignado para esa área.

Analía Esquivel, promotora de género del ProGen

 

Analía Esquivel brinda algunos datos sobre cómo trabajan: “La situación nuestra como promotoras es bastante difícil en este momento. Trabajamos desde el 2009 en que nos capacitamos (…) pero desde ese momento hasta la fecha cada una tuvo que desenvolverse en su ámbito laboral y lo que pudo ir consiguiendo. Lo que hacemos como promotoras es completamente autónomo por ahora porque tenemos muchos problemas con Desarrollo Social que es el ámbito de aplicación que se había sancionado pero es difícil trabajar… Cada una de nosotras tenemos nuestra actividad privada y en el momento en que podemos asistimos a víctimas, hacemos acompañamiento, charlas…” relata, y aclara que recién desde el año pasado el Ministerio estipuló una beca para las promotoras:

“El año pasado cuando la actual ministra Benilda Dammer era subsecretaria de la Mujer y la Juventud ella nos acogió, pero nunca creó esa figura de promotoras dentro del Ministerio y tampoco nunca se asignó un presupuesto para eso… En el medio de eso ella nos otorga una beca que actualmente son 11 mil pesos. Esa beca no sabemos de dónde surge porque no hay documentación al respecto ni tampoco un reconocimiento de trabajo” – describe, a lo que agrega que fuera de la beca, no cuentan con fondos asignados para gastos relacionados a tareas de acompañamiento a víctimas de violencia de género.

Clientelismo político:

“Lo que hemos visto en estos años, de salir a reclamar desde hace cinco años en las grandes movilizaciones es que si hay un discurso aggiornado, políticamente correcto que pretende acordar con nuestras demandas. Pero la respuesta real en lo local sobre todo es la creación de organismos vacíos de contenidos que son utilizados en realidad para el fortalecimiento de las redes clientelares, en donde no se toma en cuenta la idoneidad, no hay capacitaciones, seguimiento de la tarea. Es una cuestión meramente formal donde persiste la lógica política clientelar que finalmente para lo único que se utiliza es para promover a personales integrantes de la elite de gobierno.” – describe Arensburg el contraste entre el discurso político y la práctica.

Justamente, además de la falta de aplicación del presupuesto y del reconocimiento a su tarea, Analía Esquivel atribuye a las prácticas clientelares de la dirigencia política el desinterés en regularizar el funcionamiento del programa de Promotoras de Género.

“Nosotras no contamos con los recursos que pueda tener el ministerio, eso está asignado para el clientelismo político. Nosotros para asistir a una víctima o a una familia o hacer una acompañamiento tenemos que sacar otra vez de lo percibido para poder ayudar a la gente. Hay asignado, pero es para la gente elegida.” relata,  y expresa que las prácticas clientelares inciden también actualmente en la designación de personas como nuevas promotoras sin la capacitación adecuada y manteniendo el programa en la total irregularidad.

Además, denuncian que en este marco de precariedad e irregularidad también se ejerce violencia laboral hacia ellas: “El grupo Progen siemre se apartó de cuestiones partidarias (…) porque creemos que la violencia va más allá de eso. Y lo estamos sufriendo nosotras. Lo que estoy manifestando son un montón de tipos de violencia que descargan contra nosotras todos los días…” sostiene.

Sobre las reivindicaciones que se expresa en “Ni una menos”, Muriel Arensburg señala la responsabilidad del Estado de poner fin a esas situaciones de precarización laboral: “Ni Una Menos siempre levantó la bandera por nuestros derechos laborales y la demanda para las condiciones de trabajo para todas y todes quienes se dedican al cuidado, justamente.” remarca.

Demandas históricas pero vigentes:

La nueva edición del Ni Una Menos no pudo llevarse adelante con la presencia masiva en las calles como en los años anteriores, pero la nueva situación de cuarentena no hizo más que ratificar la vigencia de las demandas que se vienen planteando.  Asi lo resume Muriel Arensburg:

“Parte del Ni una Menos es que le decimos Basta al Ajuste que recae sobre las mujeres y los cuerpos feminizados (…) Seguimos reclamando la implementación efectiva de la ley de Educación Sexual Integral (ESI) porque justamente en el marco de la cuarentena lo que también se visualiza claramente es el aumento del abuso sexual hacia niñas, niños y adolescentes… Seguimos reclamando el derecho al aborto legal, seguro y gratuito porque no queremos ni una muerta más por aborto clandestino y seguimos planteando que el Estado y los gobiernos son responsables.”

 

 

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