“Falta escuchar la campana de él”

Edith Ríos y Antonio Leal son la  esposa y el padre de Gabriel Leal, quien, tras casi siete años de prisión preventiva será llevado a juicio en uno de los casos policiales más resonantes de la provincia. En diálogo con Reporterxs, rebatieron las versiones periodísticas que se escribieron sobre el caso y expresaron sus temores por lo que consideran faltas de garantías por parte de la Justicia. Audios. 

“No están buscando justicia, están buscando condenarlo.”- sostiene Edith Ríos, quien repasa la historia que empezó la noche del 25 de Noviembre de 2002, cuando fue asesinado en Posadas Pablo Fraire.

“No están dando lugar a nada, acá hay una causa armada.  Hay cosas que se están pasando por alto…” dice en relación a las declaraciones de los testigos oculares del hecho, cuya versión no se condice con las acusaciones que se formularon en el caso.

Los Leal: Doña Blanca, madre de Ramón Castel y Gabriel Leal; Edith Ríos y Antonio Leal.

Gabriel Leal está acusado de homicidio en ocasión de robo de Pablo Fraire, ocurrido el 25 de noviembre de 2002. En el año 2003 fue detenido junto a su medio hermano Ramón Castel y a Gustavo Aranda Alvarenga, pero fueron liberados por falta de pruebas por resolución del entonces juez de la causa, Dr. José Luis Rey.

La causa quedó estancada.  Recién hacia el año 2005, Teresita Boldú -la madre de la víctima – logró su reactivación en base a denuncias y movilizaciones. El juez Rey fue apartado y ese año el nuevo juez, Dr. D´Orsaneo,  ordenó la detención de Castel, Aranda y Manuel Alejandro Jaime.

Leal se presentó en el juzgado acompañado por su padre, Antonio Leal.

“A este no lo queremos ni para testigo, que se retire”  – afirma Leal padre que les dijo el Dr. Castelli, entonces Secretario en el juzgado a cargo de D´Orsaneo.

Antonio Leal, padre de Gabriel Leal.

Entonces,  Gabriel Leal se fue a trabajar a Buenos Aires y desde allí, migró a España. Poco después, volvió a ser implicado en la causa por la División de Investigaciones de la Policía y el juzgado ordenó su captura, pero ya no se encontraba en el país.

En el año 2009 se realizó el juicio contra los tres detenidos en la causa. Jaime fue absuelto, en tanto Aranda y Castel fueron condenados a prisión perpetua por ser encontrados culpables de homicidio agravado por alevosía. El tribunal que los condenó es el mismo que dictó prisión perpetua a Cristina Vázquez en el caso Dávalos, sentencia que fue revertida en la Corte Suprema de Justicia de la Nación el año pasado por falta de pruebas.

Leal fue encontrado en el año 2013 en España y la justicia misionera solicitó su extradición. En el año 2014 fue extraditado desde España a pedido del juez Ricardo Balor y desde entonces aguarda el inicio del juicio oral, que comenzará el próximo 29 de septiembre.

“Él está detenido en la provincia desde el 2014, así que ya lleva prácticamente 7 años detenido en preventiva” – resume su esposa Edith Ríos.

La familia Leal resalta que, además de presentar solicitudes de libertad una vez que cumplió el tiempo legal de la prisión preventiva, también realizaron varias peticiones de que se inicie el juicio oral que fueron rechazadas. El juicio comenzará finalmente a casi 7 años de que Leal sea traído desde España.

“Todos los recursos que se han presentado, hasta nosotros querer ir a un juicio (…) todo le fue denegado, todo, hasta el día de hoy en el último hábeas corpus y la última excarcelación que ni siquiera nos han notificado.  Lo quieren llevar a juicio sin darle la oportunidad de estar en libertad como corresponde, porque tiene una preventiva excedida, que pasa a ser estar ilegalmente detenido” define Ríos.

Pero además del incumplimiento de normas procesales y garantías, la familia Leal expresa desconfianza no solo por la institución judicial, sino por el tratamiento mediático del caso.

 

Un caso con mucha resonancia

El asesinato de Pablo Fraire no quedó como un crimen más gracias a la acción de su madre, Teresita Boldú, que motorizó movilizaciones, reclamos, denuncias sobre la falta de resultados de la Justicia. Su acción, que le llevó a fundar la Asociación Madres del Dolor, motorizó algunos cambios institucionales como la creación de la División Homicidios en la Policía provincial y la instauración, bastante más tarde, de la figura del querellante particular, que no existía en la Justicia misionera.

Sin embargo la Justicia aún no ha sido alcanzada por verdaderos cambios en su interior y uno de los puntos de crítica, la mora judicial, también estuvieron presentes en el caso Fraire, cuyo primer juicio se realizó recién en 2009.

Asimismo, casos como el de Cristina Vázquez desnudan que el hecho de que la Justicia haya incrementado la cantidad de casos en que dicta condena no garantiza rigurosidad en las investigaciones, ni en la valoración de las pruebas, ni da garantías ante la arbitrariedad judicial.

En el caso Fraire, los avatares judiciales de la causa  siguieron teniendo gran  repercusión mediática a lo largo de los años. Sin embargo, la familia Leal ni el propio acusado tuvieron ámbitos para ser escuchados.

“Falta escuchar la campana de él. Porque en todos estos años nunca fue escuchado.- reclama Edith Ríos- En todos estos años siempre fue acusarlo, acusarlo, acusar a la familia… y siempre fue destrozado, de todas las formas para vender una imagen mediática para poder justificar lo que van a hacer, el Poder Judicial, porque ya está premeditado lo que van a hacer con él” – afirma, y  denuncia que, tras casi siete años detenido “Nunca le dieron lugar a él de poder dar una declaración ante un juez”.

Asimismo, señala los elementos que le parecen más cuestionables de las versiones periodísticas que se escribieron sobre el caso. Una de ellas es que Gabriel Leal se fugó a España y que fue detectado allá por tras haber cometido un delito.

“Él nunca se fugó, él estuvo acá en Posadas.” – sostiene y enfatiza: “La fuga nunca existió. Igual que se dijo que él cometió un delito en España. Él nunca cometió un delito, cometió una infracción de tránsito.”- aclara Edith, quien afirma que Gabriel Leal salió del país desde el Aeropuerto de Ezeiza, con un pasaporte que en ese entonces se tramitaba ante la Policía Federal y que en ese momento no tenía orden de captura.

La familia también rechaza la versión de que existía una prueba de ADN realizada antes de su extradición que indicaba su participación en el crimen:

“El juez Balor pidió la extradición de él diciendo que había un ADN que lo implicaba en un asesinato. A él jamás se le hizo una prueba de ADN, en el 2014 fue hecho recién. Estamos hablando 2002- 2014, son doce años después, no había nada. Después obviamente se armó toda una parte mediática para poder justificar lo que estuvieron haciendo con mi cuñado, con Ramón Castel.” – atribuye Edith.

“Nosotros sabemos que él es inocente, como mi cuñado en esta causa. Por todas las irregularidades que hay, la más clara es la del ADN y que es una causa con testigos. O sea, es una causa fácil de resolver, hay gente que vio, que tampoco se le está dando lugar a nada. Es más, fueron a atestiguar en el juicio de mi cuñado y no se tuvo en cuenta eso.” remarca.

Edith se refiere tanto a los testigos del asesinato de Fraire como a los testigos que ubicaban tanto a Castel como a Leal fuera de la escena del crimen, cuyos testimonios no fueron tenidos en cuenta en las condenas del primer juicio ni en la prosecusión de la causa contra Leal.

“Sé que mis hijos son inocentes”

Don Antonio Leal recuerda los inicios del caso y señala lo que considera que son las inconsistencias de la acusación que no fueron tenidas en cuenta por el tribunal que condenó a Castel y que son la base de la acusación a su hijo.

“Los testigos oculares del hecho de esa noche son cuatro,y los cuatro coinciden en que fue (el autor del crimen) una sola persona. Y esos tres los introduce el oficial (de Inteligencia) Guarda. Hay cuatro testigos, no uno, y en ningún momento dicen que había tres, cuatro personas, ni nada que se le parezca. El matador se dice que es una persona de contextura física grande y mis hijos son de contextura física chica.” – explica Leal .

“No soy el dueño de la verdad ni nada que se le parezca pero yo sé que mis hijos son inocentes. No pongo la mano en el fuego por nadie pero se sospecha que hubo confesiones que a ellos no les convenía dar marcha atrás cuando tenían ya la causa armada. Con qué la armaron, con los perejiles de mis hijos.” – asevera Leal padre y continúa:

“Inclusive el que se hace cargo- dice en referencia a Aranda Alvarenga – que dice que él y mi hijo que esta(ba) en España  son los que le mataron al muchacho -que son todas mentiras-  no lo acusa a Castel. Al contrario, dice que Castel no fue con ellos. Y no tienen ninguna acusación, ADN negativo, todo negativo. Y ahí está, hace 16 años para 17. (…) le denegaron la transitoria, que por ley ya tendría que estar saliendo…” señala.-

 

El ADN

Los Leal mencionan en varias oportunidades su rechazo a las versiones sobre la existencia de una prueba de ADN que ubicaría a Leal como autor del asesinato y aseguran que, antes de su extradición, a Gabriel Leal no se le habían tomado muestras para un cotejo de esa índole. Que la prueba de ADN a la que se refieren los medios se realizó recién en 2014, doce años después del crimen y que se trató de una pericia realizada sobre la ropa de la víctima. Allí se habría encontrado un pelo perteneciente a Leal.

Eduardo Paredes, abogado que ejerce la defensa de Leal junto al Dr. José Luis Rey, había pedido la nulidad de ese resultado alegando que la ropa había estado extraviada durante años, por lo cual se perdió la cadena de custodia sobre la evidencia.

La pericia en la que encontraron un cabello de Gabriel Leal era la cuarta que se realizaba sobre la ropa.

“Con esa prueba dicen, que lo condena el ADN, y el ADN no tiene ni pies ni cabeza, se tiene que caer de por sí, porque el expediente lo dice, que se perdió toda cadena de custodia. ¿Cómo después de 16 años van a encontrar un pelo si ya habían peritado la ropa tres veces, y la cuarta vez encuentran un pelo?”– se interroga Antonio Leal.

“Nosotros tenemos miedo como familia que este juicio sea  de la misma forma que le han hecho  a mi cuñado. Sin garantías de nada, silenciado ante un montón de gente,  ni dando lugar a nada y condenarlo. Porque eso es lo que están queriendo hacer, sentarlo y condenarlo y cerrar esto. Tenemos miedo, obviamente, porque no le dan las garantías de nada…” concluye Edith Ríos

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